domingo, 13 de septiembre de 2009

Monasterio Benedictino de Santa María de la Epifanía


En los Andes colombianos, a dos mil metros sobre el nivel del mar, enmarcado en una reserva forestal al pie del embalse de Guatapé, se encuentra el Monasterio Benedictino de Santa María de la Epifanía.
En él, un grupo de monjes, jóvenes, adultos y ancianos, viven dedicados a la búsqueda radical y exclusiva de Dios, siguiendo la Regla de San Benito.
Aunque cada monasterio benedictino es una familia autónoma e independiente, la historia testifica el surgimiento de agrupaciones de monasterios que, conservando su autonomía, se ayudan y estimulan fraternalmente. Tales agrupaciones suman hoy 21 “congregaciones benedictinas”, unidas a nivel mundial en la Confederación Benedictina. Nuestro monasterio pertenece a la Congregación de Subiaco, y fue fundado en 1968.


Quienes somos

Los monjes Benedictinos somos un grupo de hombres cristianos, que, respondiendo al llamado del Señor, hacemos de la búsqueda de Dios la finalidad específica y exclusiva de nuestra vida. Nos dedicamos a la oración, la “Lectio Divina”, al estudio y al trabajo, en un ambiente familiar de vida común, estables siempre en el monasterio, y abiertos a la acogida y hospitalidad a todos los hermanos.
La oración ocupa un lugar privilegiado en nuestra vida. Nuestro fundador, S. Benito, nos dice en la Regla: “ Creemos que Dios está presente en todas partes... pero sobre todo debemos creerlo sin la menor vacilación cuando asistimos al oficio divino” (RB 19,1-2). Esta convicción, y la invitación del Señor a “orar siempre y sin desfallecer”, marcan el ritmo de plegaria y alabanza en la comunidad monástica. Junto al esfuerzo por orar continuamente y transcurrir toda la jornada en presencia de Dios, tienen importancia fundamental los diversos momentos de la oración litúrgica-comunitaria y la Eucaristía que es, sin duda, el centro de la jornada.Leemos igualmente en la Regla Benedictina que “a ciertas horas deben los monjes ocuparse en la Lectio Divina” ( RB 48,1) , y que han de “escuchar con gusto las lecturas santas”(RB 4,55). Parte importante de cada jornada está dedicada a la “lectura orante” y la reflexión de la Palabra de Dios. Esta actividad básica en la vida del monje es lo que se conoce como “Lectio Divina”, expresión latina cargada de significación en la tradición monástica. Y junto a la “Lectio”, el estudio ocupa también su renglón de importancia, como medio de profundización en el conocimiento de la Sagrada Escritura, de la tradición patrística y monástica, de la realidad del mundo y de la historia.

Para colaborar con Dios en la obra creadora, y para atender a nuestro sostenimiento, los monjes nos dedicamos durante varias horas cada día al trabajo manual en el interior del monasterio (apicultura, arte, artesanías, dulces y confituras, trabajos del campo, etc) , y atendemos igualmente a todos los oficios domésticos (cocina, lavandería, limpieza). Ya lo dice San Benito, igual que de la “Lectio”: “En determinados tiempos deben los monjes ocuparse en el trabajo manual”( RB 48,1); y da tal importancia a las ocupaciones materiales, como elemento fundamental en la búsqueda de Dios, que afirma : “Pues entonces son verdaderos monjes cuando viven del trabajo de sus manos, como nuestros padres y los Apóstoles” (RB 48,8).En la tienda, contigua a la portería, ofrecemos a los huéspedes y visitantes los productos de nuestro trabajo, de cuya venta depende en gran parte el sostenimiento de la comunidad.


Oración, “Lectio”, estudio, trabajo, orientados por entero a la búsqueda de Dios, exigen un ambiente que posibilite esta actitud permanente de escucha y diálogo con El. Es por ello que tienen importancia central el retiro, la soledad y el silencio.
Así mismo, como ayuda a la radicalización de la fraternidad entre los que formamos la familia monástica, e igualmente como condición de disponibilidad para la acogida a los hermanos, la estabilidad (en la comunidad y en el monasterio) tiene especial valor en nuestra vida.


Pero el retiro, la soledad y el silencio no significan ruptura de la comunión eclesial; al contrario, disponen para una actitud profunda de escucha y acogida del hermano. En la Regla Benedictina leemos también: “ A todos los huéspedes que llegan al monasterio recíbaseles como al mismo Cristo” ( RB 53,1). El monasterio está abierto para todos los que vienen a buscar un ambiente de silencio y oración, ya sea durante una jornada, o por varios días en la hospedería. “Acogidos los huéspedes lléveseles a orar...léase en presencia del huésped la Ley Divina para se que se edifique” ( RB 53,8-9). Es también mediante la acogida y hospitalidad que los monjes llevamos a cabo nuestro servicio eclesial de evangelización; y para poder realizar con intensidad cada uno de los elementos que conforman nuestra vida monástica, y acoger a los que llegan, no tenemos ningún trabajo pastoral fuera del monasterio.
Horario

4:00
Levantarse

4:30
Oración - Vigilias

5:45
Lectio Divina

6:45
Oración - Laudes

7:30
Eucaristía
Desayuno

9:00
Trabajo

12:00
Oración - Sexta
Almuerzo
Descanso

14:00
Oración - Nona

14:20
Clases y/o trabajo

16:15
Estudio Personal

17:15
Oración - Vísperas

18:00
Lectio Divina

19:00
Comida
Aseo
Recreación

20:30
Oración - Completas
Descanso.



La Formación del Monje

A quien se siente llamado por el Señor a seguirlo por el camino monástico, la comunidad le ofrece su ayuda, mediante el siguiente proceso de integración:
Un tiempo de mutuo conocimiento a través de algunas estadías en el monasterio, espaciadas una de otra, y crecientes paulatinamente hasta una experiencia de tres meses continuos compartiendo la vida con los monjes. Este contacto entre la comunidad monástica y el hermano que toca la puerta del monasterio, aporta elementos valiosos para el discernimiento inicial .
Después del tiempo dedicado a este discernimiento previo al ingreso, se inicia la etapa del postulantado que tiene un año de duración, y con el cual se comienza propiamente la experiencia monástica en forma continua compartiendo de lleno la vida con la comunidad .
Con el rito de iniciación monástica se empieza el noviciado, que dura entre año y medio y dos años, tiempo dedicado al estudio de la Regla, la historia, la tradición y la espiritualidad del monacato, y que posibilita al hermano el discernimiento en orden al compromiso con el Señor mediante la profesión monástica.




Al término del noviciado se hace, entonces, la profesión temporal, por tres años, tiempo éste en el cual se continúa el esfuerzo de profundización en las fuentes monásticas, y se atiende también a la formación teológico-patrística.
Con la profesión solemne y consagración monástica se llega al momento del compromiso definitivo: Promesa de vivir para siempre como monje en el seguimiento de Jesús. En la Regla de S. Benito leemos: ”El que va a ser admitido, prometa delante de todos en el oratorio estabilidad, vida monástica y obediencia” (RB 58,17). Este compromiso incluye los tres votos tradicionales (castidad, pobreza y obediencia) y todas las demás implicaciones de la vida del monje, tal como son señaladas en la Regla y como las ha subrayado la tradición monástica. La estabilidad significa la vinculación a la comunidad y la radicación en el monasterio para toda la vida.
Llegados a este punto, vale la pena aclarar lo siguiente: El monasterio no es una casa de formación sacerdotal. El hermano que ingresa viene a ser monje, a vivir “tomando por guía el Evangelio” , como nos dice S. Benito desde el prólogo de la Regla, en el ritmo de vida anteriormente descrito. Todos los hermanos de la comunidad reciben igual formación monástica y teológica, con las necesarias adaptaciones a las posibilidades y al proceso de vida de cada uno. Cuando la comunidad ve necesaria la presencia de otro hermano sacerdote, llama a la ordenación presbiteral a cualquiera de los monjes en quien, después de ponderado discernimiento, se perciben signos claros de vocación para el ministerio ordenado. Los monjes-sacerdotes viven su ministerio al interior de la comunidad monástica, y su ordenación no fundamenta ningún régimen de excepción en cuanto a observancias se refiere, al contrario, de ellos dice S. Benito que han de dar a todos mayor testimonio de humildad. El hermano que ingresa debe discernir, pues, con mucha claridad desde el comienzo sobre su libertad interior frente a toda “expectativa sacerdotal”.
Hospedería

La hospitalidad ocupa un lugar importante en la vida de los monjes benedictinos. El monasterio dispone de una modesta hospedería para acoger a las personas que quieran vivir unos días de oración y silencio.
Para mayor información, puede contactar al hermano hospedero en el teléfono (57)(4) 861 08 39 o al celular 314 681 66 08. Dado que el número de habitaciones disponibles es limitado (8) recomendamos hacer sus reservaciones con buen tiempo de anticipación.
Información


Monjes Benedictinos
Oficina de Correos
Guatapé (Antioquia) Colombia


"El verdadero monjes es un ser humano
perfectamente libre.
Libre ¿para qué?
Libre para amar a Dios.

- Thomas Merthon. OCSO -

viernes, 7 de agosto de 2009

Abadía de Santa María


Nuestro Monasterio pertenece a la Orden de San Benito, y tiene como norma de vida la Regla de los monjes escrita por él, a mediados del siglo V dc. Es uno de los monasterios integrantes de la Congregación Benedictina de Subiaco y dentro de ésta pertenece a la Provincia Española.
Estamos ubicados en una zona campestre del municipio de Envigado, perteneciente al Área Metropolitana de la Ciudad de Medellín, en el Departamento de Antioquia, y en la jurisdicción eclesiástica de la Arquidiócesis de Medellín.


En la actualidad la comunidad monástica está integrada por 15 monjes, los cuales dedican la mayor parte de su vida a la oración, especialmente litúrgica; al trabajo en un Colegio de aproximadamente 700 alumnos; labores manuales, y al estudio en las diversas áreas del saber; así como también a la labor pastoral por medio de ayudas a familias de escasos recursos, Becas de estudio, Charlas de Espiritualidad y a la atención de los huéspedes que llegan a la Hospedería del Monasterio.
El número de monjes va creciendo poco a poco con los jóvenes que ingresan movidos por el ideal monástico y para cooperar en las obras del monasterio con su aportación personal.
Vocación monastica



Al preguntarnos ¿Porqué alguien decide hacerse monje? ¿Porqué sigue existiendo este género de vida tan contradictorio para la sociedad contemporánea?. Podemos responder con el evangelio: "Si alguno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues de que le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?" (Mt. 16, 2426). Paradoja aplicable a todo cristiano, pero que el monje la lleva especialmente grabada en su corazón.
gualmente responde el ideal comunitario de san Benito con este pasaje de los Hechos: "La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y un alma sola. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común." (Hch. 4, 32). El monje quiere vivir en su sentido más completo los mandamientos divinos y para este fin el Patriarca nos invita a valernos de diversos medios como lo son la vida en común, la oración, la pobreza, la obediencia, la castidad, el silencio y otros tantos "instrumentos" que nos describe en su Regla, escalones por los que vamos descubriendo la presencia del Señor en nuestras vidas, así nos motiva a decir que le seguimos "no por temor al infierno, sino por amor a Cristo por cierta connaturalidad y por la satisfacción que las virtudes producen por sí mismas".
as etapas en la vocación monástica son:
Aspirantado. Es un tiempo en el que la persona que siente vocación hacia la vida monástica conoce la comunidad sin compromiso alguno, por medio de pequeñas estadías (fin de semana, una semana, un mes),así él podrá conocer más concretamente la espiritualidad del monasterio y la cual le ayudará a definir más lo que implica este género de vida religiosa.
Postulantado. Si el aspirante quiere tener una experiencia más profunda de lo que es la vida monástica, entra a vivir un tiempo más prolongado en el monasterio; este tiempo es una oportunidad para reflexionar sobre su vocación y participar más activamente en la vida interna del monasterio, en la Oración y el Trabajo.
Noviciado. El postulante que decide ingresar en la comunidad, hace su petición de ingreso, la cual es analizada por el capítulo, y en caso de ser favorable, el nuevo novicio recibe el hábito monástico y comienza su periodo formativo, que es de 18 meses, en el caso de nuestra Congregación, en el que se profundiza en la espiritualidad monástica ya en el seno de la comunidad.
Juniorado (Profesión Temporal). Si el novicio progresa y cumple sus 18 meses de noviciado, puede solicitar al capítulo la profesión de sus votos temporales. Aquí el novicio se compromete con Dios y la comunidad a vivir tres años en el monasterio bajo la obediencia del Abad.

Los votos son los siguientes, de acuerdo a la tradición benedictina:
Estabilidad: el monje se compromete a vivir en una sola comunidad a no ser que el superior le pida otra cosa (ir a una fundación, por ejemplo). El monje se compromete hasta la muerte con su monasterio.
Conversión de costumbres: esta expresión propia del vocabulario monástico significa al mismo tiempo el ingreso en religión y el estilo de vida q
ue conlleva. Descubre, en realidad todo el camino del monje en el seguimiento de Cristo.
Obediencia: El monje no vive según su voluntad o sus caprichos, sino según los decide el superior, quien tiene en cuenta las necesidades de la comunidad y las aptitudes de los hermanos. Comporta, ciertamente, un aspecto de fe.
Profesión Solemne. Después del periodo marcado de tres años (el cual puede ser prorrogado hasta 9 años), el monje está decidido a seguir a Cristo por este camino, con este estilo de vida y en esta comunidad, el junior solicita al capítulo su ingreso definitivo al monasterio y comunica su intención de hacer sus votos perpetuos o solemnes en los que se compromete de por vida con el Señor a servirlo en esta célula de su Iglesia.
Jornada del Monje

LUNES - VIERNES

4:30 a.m.
Levantada

5:00 a.m.
Maitines

LECTIO DIVINA

6:15 a.m.
Laudes

6:45 a.m.
Eucaristía (+ Desayuno)

Trabajo - Estudio

12:00
Hora Media + Almuerzo

Trabajo

5:15 p.m.
Vísperas

LECTIO DIVINA

7:00 p.m.
Comida + Recreación

8:00 p.m.
Completas - SILENCIO



La Hospedería Monastica

La abadía de Santa María cuenta con una hospedía monastica para quien desee pasar unos dias en retiro con el Señor en compañia de la oración de los monjes benedictinos de esta abadía.



Uno de los puntos característicos de la vida de los monjes es el de la acogida de las personas que llegan a nuestro monasterio, el cual se refleja de manera especial en la Hospedería, lugar al que las personas llegan a pasar un tiempo de retiro y reflexión, al ritmo de la jornada monástica (dentro de las limitaciones que una Hospedería Benedictina tiene).
Y siendo, así, la "Obra de Dios"por excelencia, según Nuestro Padre San Benito, la ocupación principal de los monjes y frente a la cual nada se debe anteponer: Queremos que nuestros hermanos los huéspedes en esta santa casa participen también activamente de todos y cada uno de nuestros actos litúrgicos.
Debido que el trato con los huéspedes en relación con los miembros de la Comunidad es limitado y para que no se perturbe la jornada de sus miembros, cualquier asunto o necesidad que tengan los huéspedes, debe hacerse al monje Hospedero, de manera que nada falte a los que vienen a nuestra casa, ni perturbe a los que en ella habitan.

Contacto y pagina WEB


ABADIA BENEDICTINA DE SANTA MARIA
Calle 24 Sur Nº 39-36
Apdo. Aéreo 80982
Envigado (Ant)
COLOMBIA
Celular 310 797 41 05
Tel. (4) 313 40 66
Fax. (4) 310 06 90
"Monje es aquel que,
separado de todos
está unido a todos."
- Evagrio Pontico -

Abadía de Santa María

jueves, 2 de julio de 2009

Monasterio Benedictino de Tibati

La Abadía de la Asunción tiene una fundación en Bogotá, Colombia, Sur América, y su nombre es MONASTERIO BENEDICTINO DE TIBATI. Su principal apostolado es la educación.


SU HISTORIA

En abril de 1960 el abad Ignatius Hunkler recibió una invitación del Arzobispo Luis Concha Córdoba, para fundar un colegio masculino en Bogotá, Colombia. El abad lo invitó a la abadía,
para que presentara su propuesta a la comunidad monástica. El así lo hizo y los monjes estuvieron de acuerdo y aceptaron esa tarea. En el mes de junio los monjes Lawrence Wagner, Frederic Mundt, Anselm Ruelle y Adrian Mundt fueron enviados a Puerto Rico para aprender Español, para así poder empezar su misión en Colombia. Ellos llegaron a Bogotá el 6 de agosto de 1960, el mismo día que la ciudad estaba celebrando su fecha de fundación(1538), y de inmediato comenzaron los preparativos para dar inicio a su aventura educacional. En febrero de 1961 el colegio abrió sus puertas.

En Octubre de 1962 la comunidad fue establecida como priorato dependiente. La comunidad recibió el nombre de PRIORATO DE TIBATI. La palabra "Tibatí" procede del lenguaje Chibcha y significa "Alegría del Señor." Fue nombrado prior el padre Lawrence Wagner.


En febrero de 1969 la comunidad residente en Bogotá recibió permiso para abrir su propio noviciado.

En 1986 hizo votos solemnes el primer monje colombiano, y en el mismo año fue ordenado sacerdote.

En la actualidad la comunidad está integrada por ocho monjes en votos finales (siete de ellos son sacerdotes, de los cuales cinco son colombianos), tres en votos temporales, cuatro novicios y dos postulantes.

Cada tres años el abad de la Abadía de la Asunción hace su visita canónica a la comunidad para animarla espiritualmente e impulsar el crecimiento de la vida monástica colombiana.


SU APOSTOLADO

El colegio de la comunidad, llamado COLEGIO SAN CARLOS, inició clases el 2 de febrero de 1961 con 136 alumnos. El 1 de noviembre de 1965 el colegio celebró su primara promoción de bachilleres: 41 jóvenes recibieron su diploma en sesión solemne. En la actualidad el colegio tiene alrededor de 1300 alumnos en los doce grados: transición a once.


En septiembre de 1978 la comunidad emprendió otra aventura educativa, inició la construcción de un colegio vocacional con el fin de ofrecer una formación integral a los jóvenes de la localidad de ambos sexos.

El 12 de febreo de 1979 el nuevo colegio, llamado COLEGIO SAN BENITO DE TIBATI, Inicio sus labores con 120 alumnos.

El 12 de diciembre de 1984 el colegio celebró el grado de los primeros bachilleres. 27 estudiantes (11 mujeres y 16 varones) recibieron su diploma de bachiller del CSBT.
En la actualidad el colegio cuenta con 460 alumnos en los grados: sexto a once, en tres modalidades: 1.) Ciencias humanas, 2.) Electricidad y electrónica y 3.) Comercio y contabilidad.

Además de trabajar en los dos colegios, los monjes de Tibatí prestan sus servicios pastorales a conventos y parroquias cercanas. Tienen apostolado litúrgico con los fieles de la localidad. Se dedican a la oración –tanto privada como pública-, estudio personal, practican el servicio fraterno en comunidad y ayudan en los quehaceres del monasterio.


MONASTERIO BENEDICTINO DE TIBATI
Calle 193 No. 39-05
Bogotá, D.C. Colombia.

Apartado Aéreo 52995
Tel.: 6700138 / Fax: 6779700
E-Mail: monjestibati@hotmail.com

sábado, 14 de febrero de 2009

Monjes Benedictinos - Abadia del Tepeyac. México


La Abadía del Tepeyac fue fundada hace más de 60 años. Durante estos, los frutos de la Comunidad Benedictina del Tepeyac, tanto en su vida y desarrollo internos, como en su servicio a la Orden, a la Iglesia y a la sociedad de México, han sido muchos y de gran trascendencia.
El carisma de la Orden de San Benito es el de promover la Paz y Oración, en sus formas comunitarias (liturgia) y personal (lectio divina). Nuestros lugares de trabajo son el monasterio, el Centro Escolar del Lago y la pastoral.


Los monjes celebran diariamente la Liturgia de las horas y celebran la Eucaristía diarimente en la Iglesia Abacial.

Horario del Monje de Tepeyac

Lunes a sábado
5:30 am - Oficio de Lectura - Laudes - Misa
1:00 pm - Hora Intermedia
6:10 pm - Vísperas
8:00 pm - Completas

Domingos
6:30 am - Oficio de Lectura - Laudes
11:00 am - Misa
1:00 pm - Hora Intermedia
6:10 pm - Vísperas
8:00 pm - Completas


"El monje para ser monje debe hablar siempre con Dios,

comunicar su Palabra y transformarse en oración" P. Ezequiel Bas Luna OSB

Galardón San Benito

La comunidad educativa de la Abadía del Tepeyac y del Centro Escolar del Lago, es heredera de gran Tradición Benedictina, la cual inicia en el siglo VI con San Benito Abad en Europa teniendo como base la obediencia, la escucha, la humildad, la oración y el trabajo a través de la cual, se ha preservado la cultura occidental.

Hoy, con más de 60 años de historia en México, los benedictinos de la Abadía del Tepeyac, dedicados al apostolado de la educación en nuestro país, con una trayectoria única en su género al formar niños y jóvenes disciplinados, hombres triunfadores e íntegros, otorgan el "Galardón San Benito" a personalidades destacadas por su compromiso de vida en bien de la Iglesia Universal, la educación, las ciencias y las artes, en una palabra del Reino de Dios, para que en todo sea El glorificado.


Los monjes de la Abadía del Tepeyac son hombres llamados a vivir la vocación cenobita, se reúnen cuatro veces al día en la Iglesia para celebrar el Opus Dei y la Eucaristía.

Actualmente, el monasterio alberga una comunidad de 30 monjes que tienen un rango de edad entre los 18 y 85 años, una gran diversidad personas, orígenes y costumbres, unidos por el amor y seguimiento a Cristo bajo los preceptos de la Regla de San Benito.

El principal trabajo y apostolado los monjes del Tepeyac es encabezar la comunidad educativa del Centro Escolar del Lago; sin embargo, la oportunidad de desarrollo profesional puede hacerse en otros campos:
* Educación
* Pastoral/Parroquias
* Difusión y promoción de la cultura y el Deporte
* Arte Sacro



Dirección:
Abadia del Tepeyac
Apartado Postal 69
Bosques del Lago54766
Cuautitlan Izcalli, México.










viernes, 30 de enero de 2009

Vida de Nuestro Padre San Benito en caricatura

video

Vida de Nuestro Padre San Benito de Nursia

Si atendemos a la enorme influencia ejercida en Europa por los seguidores de San Benito, es desalentador comprobar que no tenemos biografías contemporáneas del padre del monasticismo occidental. Lo poco que conocemos acerca de sus primeros años, proviene de los "Diálogos" de San Gregorio, quien no proporciona una historia completa, sino solamente una serie de escenas para ilustrar los milagrosos incidentes de su carrera.
Benito nació y creció en la noble familia Anicia, en el antiguo pueblo de Sabino en Nurcia, en la Umbría en el año 480. Esta región de Italia es quizás la que mas santos ha dado a la Iglesia. Cuatro años antes de su nacimiento, el bárbaro rey de los Hérculos mató al último emperador romano poniendo fin a siglos de dominio de Roma sobre todo el mundo civilizado. Ante aquella crisis, Dios tenía planes para que la fe cristiana y la cultura no se apagasen ante aquella crisis. San Benito sería el que comienza el monasticismo en occidente. Los monasterios se convertirán en centros de fe y cultura.

De su hermana gemela, Escolástica, leemos que desde su infancia se había consagrado a Dios, pero no volvemos a saber nada de ella hasta el final de la vida de su hermano. El fue enviado a Roma para su "educación liberal", acompañado de una "nodriza", que había de ser, probablemente, su ama de casa. Tenía entonces entre 13 y 15 años, o quizá un poco más. Invadido por los paganos de las tribus arias, el mundo civilizado parecía declinar rápidamente hacia la barbarie, durante los últimos años del siglo V: la Iglesia estaba agrietada por los cismas, ciudades y países desolados por la guerra y el pillaje, vergonzosos pecados campeaban tanto entre cristianos como entre gentiles y se ha hecho notar que no existía un solo soberano o legislador que no fuera ateo, pagano o hereje. En las escuelas y en los colegios, los jóvenes imitaban los vicios de sus mayores y Benito, asqueado por la vida licenciosa de sus compañeros y temiendo llegar a contaminarse con su ejemplo, decidió abandonar Roma. Se fugó, sin que nadie lo supiera, excepto su nodriza, que lo acompañó. Existe una considerable diferencia de opinión en lo que respecta a la edad en que abandonó la ciudad, pero puede haber sido aproximadamente a los veinte años. Se dirigieron al poblado de Enfide, en las montañas, a treinta millas de Roma. No sabemos cuanto duró su estancia, pero fue suficiente para capacitarlo a determinar su siguiente paso. Pronto se dio cuenta de que no era suficiente haberse retirado de las tentaciones de Roma; Dios lo llamaba para ser un ermitaño y para abandonar el mundo y, en el pueblo lo mismo que en la ciudad, el joven no podía llevar una vida escondida, especialmente después de haber restaurado milagrosamente un objeto de barro que su nodriza había pedido prestado y accidentalmente roto.

En busca de completa soledad, Benito partió una vez más, solo, para remontar las colinas hasta que llegó a un lugar conocido como Subiaco (llamado así por el lago artificial formado en tiempos de Claudio, gracias a la represión de las aguas del Anio). En esta región rocosa y agreste se encontró con un monje llamado Romano, al que abrió su corazón, explicándole su intención de llevar la vida de un ermitaño. Romano mismo vivía en un monasterio a corta distancia de ahí; con gran celo sirvió al joven, vistiéndolo con un hábito de piel y conduciéndolo a una cueva en una montaña rematada por una roca alta de la que no podía descenderse y cuyo ascenso era peligroso, tanto por los precipicios como por los tupidos bosques y malezas que la circundaban. En la desolada caverna, Benito pasó los siguientes tres años de su vida, ignorado por todos, menos por Romano, quien guardó su secreto y diariamente llevaba pan al joven recluso, quien lo subía en un canastillo que izaba mediante una cuerda. San Gregorio dice que el primer forastero que encontró el camino hacia la cueva fue un sacerdote quien, mientras preparaba su comida un domingo de Resurrección, oyó una voz que le decía: "Estás preparándote un delicioso platillo, mientras mi siervo Benito padece hambre". El sacerdote, inmediatamente, se puso a buscar al ermitaño, al que encontró al fin con gran dificultad. Después de haber conversado durante un tiempo sobre Dios y las cosas celestiales, el sacerdote lo invitó a comer, diciéndole que era el día de Pascua, en el que no hay razón para ayunar. Benito, quien sin duda había perdido el sentido del tiempo y ciertamente no tenía medios de calcular los ciclos lunares, repuso que no sabía que era el día de tan grande solemnidad. Comieron juntos y el sacerdote volvió a casa. Poco tiempo después, el santo fue descubierto por algunos pastores, quienes al principio lo tomaron por un animal salvaje, porque estaba cubierto con una piel 9de bestia y porque no se imaginaban que un ser humano viviera entre las rocas. Cuando descubrieron que se trataba de un siervo de Dios, quedaron gratamente impresionados y sacaron algún fruto de sus enseñanzas. A partir de ese momento, empezó a ser conocido y mucha gente lo visitaba, proveyéndolo de alimentos y recibiendo de él instrucciones y consejos.

Aunque vivía apartado del mundo, San Benito, como los padres del desierto, tuvo que padecer las tentaciones de la carne y del demonio, algunas de las cuales han sido descritas por San Gregorio. "Cierto día, cuando estaba solo, se presentó el tentador. Un pequeño pájaro negro, vulgarmente llamado mirlo, empezó a volar alrededor de su cabeza y se le acercó tanto que, si hubiese querido, habría podido cogerlo con la mano, pero al hacer la señal de la cruz el pájaro se alejó. Una violenta tentación carnal, como nunca antes había experimentado, siguió después. El espíritu maligno le puso ante su imaginación el recuerdo de cierta mujer que él había visto hacía tiempo, e inflamó su corazón con un deseo tan vehemente, que tuvo una gran dificultad para reprimirlo. Casi vencido, pensó en abandonar la soledad; de repente, sin embargo, ayudado por la gracia divina, encontró la fuerza que necesitaba y, viendo cerca de ahí un tupido matorral de espinas y zarzas, se quitó sus vestiduras y se arrojó entre ellos. Ahí se revolcó hasta que todo su cuerpo quedó lastimado. Así, mediante aquellas heridas corporales, curó las heridas de su alma", y nunca volvió a verse turbado en aquella forma.

En Vicovaro, en Tívoli y en Subiaco, sobre la cumbre de un farallón que domina Anio, residía por aquel tiempo una comunidad de monjes, cuyo abad había muerto y por lo tanto decidieron pedir a San Benito que tomara su lugar. Al principio rehusó, asegurando a la delegación que había venido a visitarle que sus modos de vida no coincidían --quizá él había oído hablar de ellos--. Sin embargo, los monjes le importunaron tanto, que acabó por ceder y regresó con ellos para hacerse cargo del gobierno. Pronto se puso en evidencia que sus estrictas nociones de disciplina monástica no se ajustaban a ellos, porque quería que todos vivieran en celdas horadadas en las rocas y, a fin de deshacerse de él, llegaron hasta poner veneno en su vino. Cuando hizo el signo de la cruz sobre el vaso, como era su costumbre, éste se rompió en pedazos como si una piedra hubiera caído sobre él. "Dios os perdone, hermanos", dijo el abad con tristeza. "¿Por qué habéis maquinado esta perversa acción contra mí? ¿No os dije que mis costumbres no estaban de acuerdo con las vuestras? Id y encontrad un abad a vuestro gusto, porque después de esto yo no puedo quedarme por más tiempo entre vosotros". El mismo día retornó a Subiaco, no para llevar por más tiempo una vida de retiro, sino con el propósito de empezar la gran obra para la que Dios lo había preparado durante estos años de vida oculta.
Empezaron a reunirse a su alrededor los discípulos atraídos por su santidad y por sus poderes milagrosos, tanto seglares que huían del mundo, como solitarios que vivían en las montañas. San Benito se encontró en posición de empezar aquel gran plan, quizás revelado a él en la retirada cueva, de "reunir en aquel lugar, como en un aprisco del Señor, a muchas y diferentes familias de santos monjes dispersos en varios monasterios y regiones, a fin de hacer de ellos un sólo rebaño según su propio corazón, para unirlos más y ligarlos con los fraternales lazos, en una casa de Dios bajo una observancia regular y en permanente alabanza al nombre de Dios". Por lo tanto, colocó a todos los que querían obedecerle en los doce monasterios hechos de madera, cada uno con su prior. El tenía la suprema dirección sobre todos, desde donde vivía con algunos monjes escogidos, a los que deseaba formar con especial cuidado. Hasta ahí, no tenía escrita una regla propia, pero según un antiguo documento, los monjes de los doce monasterios aprendieron la vida religiosa, "siguiendo no una regla escrita, sino solamente el ejemplo de los actos de San Benito". Romanos y bárbaros, ricos y pobres, se ponían a disposición del santo, quien no hacía distinción de categoría social o nacionalidad. Después de un tiempo, los padres venían para confiarles a sus hijos a fin de que fueran educados y preparados para la vida monástica. San Gregorio nos habla de dos nobles romanos, Tértulo, el patricio y Equitius, quienes trajeron a sus hijos, Plácido, de siete años y Mauro de doce, y dedica varias páginas a estos jóvenes novicios. (Véase San Mauro, 15 de enero y San Plácido, 5 de octubre).

En contraste con estos aristocráticos jóvenes romanos, San Gregorio habla de un rudo e inculto godo que acudió a San Benito, fue recibido con alegría y vistió el hábito monástico. Enviado con una hoz para que quitara las tupidas malezas del terreno desde donde se dominaba el lago, trabajó tan vigorosamente, que la cuchilla de la hoz se salió del mango y desapareció en el lago. El pobre hombre estaba abrumado de tristeza, pero tan pronto como San Benito tuvo conocimiento del accidente, condujo al culpable a la orilla de las aguas, le arrebató el mango y lo arrojó al lago. Inmediatamente, desde el fondo, surgió la cuchilla de hierro y se ajustó automáticamente al mango. El abad devolvió la herramienta, diciendo: "¡Toma! Prosigue tu trabajo y no te preocupes". No fue el menor de los milagros que San Benito hizo para acabar con el arraigado prejuicio contra el trabajo manual, considerado como degradante y servil. Creía que el trabajo no solamente dignificaba, sino que conducía a la santidad y, por lo tanto, lo hizo obligatorio para todos los que ingresaban a su comunidad, nobles y plebeyos por igual. No sabemos cuanto tiempo permaneció el santo en Subiaco, pero fue lo suficiente para establecer su monasterio sobre una base firme y fuerte. Su partida fue repentina y parece haber sido impremeditada. Vivía en las cercanías un indigno sacerdote llamado Florencio quien, viendo el éxito que alcanzaba San Benito y la gran cantidad de gente que se reunía en torno suyo, sintió envidia y trató de arruinarlo. Pero como fracasó en todas sus tentativas para desprestigiarlo mediante la calumnia y para matarlo con un pastel envenenado que le envió (que según San Gregorio fue arrebatado milagrosamente por un cuervo), trató de seducir a sus monjes, introduciendo una mujer de mala vida en el convento. El abad, dándose perfecta cuenta de que los malvados planes de Florencio estaban dirigidos contra él personalmente, resolvió abandonar Subiaco por miedo de que las almas de sus hijos espirituales continuaran siendo asaltadas y puestas en peligro. Dejando todas sus cosas en orden, se encaminó desde Subiaco al territorio de Monte Cassino. Es esta una colina solitaria en los límites de Campania, que domina por tres lados estrechos valles que corren hacia las montañas y, por el cuarto, hasta el Mediterráneo, una planicie ondulante que fue alguna vez rica y fértil, pero que, carente de cultivos por las repetidas irrupciones de los bárbaros, se había convertido en pantanosa y malsana. La población de Monte Cassino, en otro tiempo lugar importante, había sido aniquilada por los godos y los pocos habitantes que quedaban, habían vuelto al paganismo o mejor dicho, nunca lo habían dejado. Estaban acostumbrados a ofrecer sacrificios en un templo dedicado a Apolo, sobre la cuesta del monte. Después de cuarenta días de ayuno, el santo se dedicó, en primer lugar, a predicar a la gente y a llevarla a Cristo. Sus curaciones y milagros obtuvieron muchos conversos, con cuya ayuda procedió a destruir el templo, su ídolo y su bosque sagrado. Sobre las ruinas del templo, construyó dos capillas y alrededor de estos santuarios se levantó, poco a poco, el gran edificio que estaba destinado a convertirse en la más famosa abadía que el mundo haya conocido. Los cimientos de este edificio parecen haber sido echados por San Benito, alrededor del año 530. De ahí partió la influencia que iba a jugar un papel tan importante en la cristianización y civilización de la Europa post-romana. No fue solamente un museo eclesiástico lo que se destruyó durante la segunda Guerra Mundial, cuando se bombardeó Monte Cassino.

Es probable que Benito, de edad madura, en aquel entonces, pasara nuevamente algún tiempo como ermitaño; pero sus discípulos pronto acudieron también a Monte Cassino. Aleccionado sin duda por su experiencia en Sabiaco, no los mandó a casas separadas, sino que los colocó juntos en un edificio gobernado por un prior y decanos, bajo su supervisión general. Casi inmediatamente después, se hizo necesario añadir cuartos para huéspedes, porque Monte Cassino, a diferencia de Subiaco, era fácilmente accesible desde Roma y Cápua. No solamente los laicos, sino también los dignatarios de la Iglesia iban para cambiar impresiones con el fundador, cuya reputación de santidad, sabiduría y milagros habíase extendido por todas partes. Tal vez fue durante ese período cuando comenzó su "Regla", de la que San Gregorio dice que da a entender "todo su método de vida y disciplina, porque no es posible que el santo hombre pudiera enseñar algo distinto de lo que practicaba". Aunque primordialmente la regla está dirigida a los monjes de Monte Cassino, como señala el abad Chapman, parece que hay alguna razón para creer que fue escrita para todos los monjes del occidente, según deseos del Papa San Hormisdas. Está dirigida a todos aquellos que, renunciando a su propia voluntad, tomen sobre sí "la fuerte y brillante armadura de la obediencia para luchar bajo las banderas de Cristo, nuestro verdadero Rey", y prescribe una vida de oración litúrgica, estudio, ("lectura sacra") y trabajo llevado socialmente, en una comunidad y bajo un padre común. Entonces y durante mucho tiempo después, sólo en raras ocasiones un monje recibía las órdenes sagradas y no existe evidencia de que el mismo San Benito haya sido alguna vez sacerdote. Pensó en proporcionar "una escuela para el servicio del Señor", proyectada para principiantes, por lo que el ascetismo de la regla es notablemente moderado. No se alentaban austeridades anormales ni escogidas por uno mismo y, cuando un ermitaño que ocupaba una cueva cerca de Monte Cassino encadenó sus pies a la roca, San Benito le envió un mensaje que decía: "Si eres verdaderamente un siervo de Dios, no te encadenes con hierro, sino con la cadena de Cristo". La gran visión en la que Benito contempló, como en un rayo de sol, a todo el mundo alumbrado por la luz de Dios, resume la inspiración de su vida y de su regla. El santo abad, lejos de limitar sus servicios a los que querían seguir su regla, extendió sus cuidados a la población de las regiones vecinas: curaba a los enfermos, consolaba a los tristes, distribuía limosnas y alimentó a los pobres y se dice que en más de una ocasión resucitó a los muertos. Cuando la Campania sufría un hambre terrible, donó todas las provisiones de la abadía, con excepción de cinco panes. "No tenéis bastante ahora", dijo a sus monjes, notando su consternación, "pero mañana tendréis de sobra". A la mañana siguiente, doscientos sacos de harina fueron depositados por manos desconocidas en la puerta del monasterio. Otros ejemplos se han proporcionado para ilustrar el poder profético de San Benito, al que se añadía el don de leer los pensamientos de los hombres. Un noble al que convirtió, lo encontró cierta vez llorando e inquirió la causa de su pena. El abad repuso: "este monasterio que yo he construido y todo lo que he preparado para mis hermanos, ha sido entregado a los gentiles por un designio del Todopoderoso. Con dificultad he logrado obtener misericordia para sus vidas". La profecía se cumplió cuarenta años después, cuando la abadía de Monte Cassino fue destruida por los lombardos.
Cuando el godo Totila avanzaba trinfante a través del centro de Italia, concibió el deseo de visitar a San Benito, porque había oído hablar mucho de él. Por lo tanto, envió aviso de su llegada al abad, quien accedió a verlo. Para descubrir si en realidad el santo poseía los poderes que se le atribuían, Totila ordenó que se le dieran a Riggo, capitán de su guardia, sus propias ropas de púrpura y lo envió a Monte Cassino con tres condes que acostumbraban asistirlo. La suplantación no engañó a San Benito, quien saludó a Riggo con estas palabras: "hijo mío, quítate las ropas que vistes; no son tuyas". Su visitante se apresuró a partir para informar a su amo que había sido descubierto. Entonces, Totila, fue en persona hacia el hombre de Dios y, se dice que se atemorizó tanto, que cayó postrado. Pero Benito lo levantó del suelo, le recriminó por sus malas acciones y le predijo, en pocas palabras, todas las cosas que le sucederían. Al punto, el rey imploró sus oraciones y partió, pero desde aquella ocasión fue menos cruel. Esta entrevista tuvo lugar en 542 y San Benito difícilmente pudo vivir lo suficiente para ver el cumplimiento total de su propia profecía.

Anuncia su muerte

El santo que había vaticinado tantas cosas a otros, fue advertido con anterioridad acerca de su próxima muerte. Lo notificó a sus discípulos y, seis días antes del fin, les pidió que cavaran su tumba. Tan pronto como estuvo hecha fue atacado por la fiebre. El 21 de marzo del año 543, durante las ceremonias del Jueves Santo, recibió la Eucaristía. Después, junto a sus monjes, murmuró unas pocas palabras de oración y murió de pie en la capilla, con las manos levantadas al cielo. Sus últimas palabras fueron: "Hay que tener un deseo inmenso de ir al cielo". Fue enterrado junto a Santa Escolástica, su hermana, en el sitio donde antes se levantaba el altar de Apolo, que él había destruido.

Dos de sus monjes estaban lejos de allí rezando, y de pronto vieron una luz esplendorosa que subía hacia los cielos y exclamaron: "Seguramente es nuestro Padre Benito, que ha volado a la eternidad". Era el momento preciso en el que moría el santo.

Que Dios nos envíe muchos maestros como San Benito, y que nosotros también amemos con todo el corazón a Jesús.

En 1964 Pablo VI declara a San Benito patrono principal de Europa.

QUE DE TAL MANERA BRILLE ANTE LOS DEMAS LA LUZ DE VUESTRO BUEN EJEMPLO, QUE ELLOS AL VER VUESTRAS BUENAS OBRAS, GLORIFIQUEN AL PADRE CELESTIAL.
(S. Mateo 5)

jueves, 29 de enero de 2009

La Orden de San Benito - GENERALIDADES

"Ora et labora"
La Orden de San Benito (en latín: Ordo Sancti Benedicti), (O.S.B.) es la orden religiosa fundada por Benito de Nursia, que sigue la Regla dictada por éste a principios del siglo VI para la abadía de Montecassino. Benito de Nursia contribuyó decididamente a evangelización cristiana de Europa por lo que se lo ha declarado Patrono de Europa.
Actualmente la Orden está extendida por todo el mundo, con monasterios masculinos y femeninos.
Siguiendo su ejemplo e inspiración, diversos fundadores de ordenes religiosas han basado la normativa de sus monasterios en la Regla dejada por Benito, cuyo principio fundamental es Ora et labora, es decir, reza y trabaja.

"El monje es ese hombre nuevo revestido de Cristo" P. ezequiel Baz Luna OSB


Los monasterios benedictinos están siempre dirigidos por un superior que, dependiendo de la categoría del monasterio, puede llamarse prior o abad; este es escogido por el resto de la comunidad. El ritmo de vida benedictino tiene como eje principal el Oficio Divino, también llamado Liturgia de las Horas, que se reza siete veces al día, tal como San Benito lo ordenó. Junto con la intensa vida de oración en cada monasterio, se trabaja arduamente en diversas actividades manuales, agrícolas, etc., para el sustento y el autoabastecimiento de la comunidad.